...si existe una sola constante en el sueño es el rechazo por el estatismo, o el desprecio por el inmovilismo reductor de las facultades que estimulan el cambio de orientación y sentido. Podemos leer la casa tradicional japonesa como un negativo optimizado (y en libertad) de nuestro inamovible sistema de construcción, más allá de las variantes estéticas que queramos introducir, pero también no sería baladí pensar en el milenario hogar orientado como una materialización física y en estado de vigilia de los estadios de alternancia del sueño. ¿Una forma de escultura habitada? sí, siempre y cuando entendamos por escultura una cierta excrecencia glandular del pensamiento y por habitada su facultad metafórica que la proyecta al espacio generador del reconocimiento. La mejor escultura es siempre una casa japonesa: movilidad de acción y pensamiento, estatismo en la vigília, y celosía activa en la mirada...




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