
... fue Donald Judd quien soñó a Brancusi cuando éste se desdoblaba
entre la voracidad atrayente de la tierra y la materia y los espacios de altura
donde el único volumen es la densidad del aire. ¿Cual de las dos opciones
fue la victoriosa? La única posible: la forma que etérnamente a si
misma se construye asumiendo la dependencia gravitatoria del objeto, y el deseo
de éste de elevarse por encima de su misma esclavitud. Digámoslo de
otra manera: inocentes estrategias de quien sabe, como el humano, que esta hecho
de la doble condición de ser, en una misma psicología, amo y siervo.
O bien: astutos juegos de encadenada (por imposible) repetición. O quizás:
ya que nada es igual a nada enturbiemos la mirada en buscar el diferencial mínimo
existente en toda forma equivalente. Otra posibilidad: ¿podríamos definir
el arte como en la factualidad que genera un hecho diferencial a partir de la
infinita transgresión estructural de un único y eterno deseo? En
realidad no fue Judd quien soñó a Brancusi, ni éste quien prologó
a aquel, sino que ambos supieron demasiado pronto que sólo la forma define el
gesto y toda repetición es, indefectíblemente, la eterna insistencia
en la obscura geometría del alma...
exposicions:
- Galería Benet Costa, Barcelona 1991 (ind)
- Confrontaciones, Palacio de Velázquez, Madrid 1991-92