...diríamos que la vitalidad actualizada del mito no discurre por la via de una recuperación nostalgica de sus funciones especulares, sino como metáfora transgredida (violentada, quizas, si con ello no nos acercásemos peligrosamente a un estatuto de indeseada beligerancia) de la dimensión inalterable del signo. De hecho, el mito no es tanto la personalización de un atributo fundacional, inamovible en su grandeza solitaria, como la posibilidad que nos ofrece de una infinita y audaz variante interpretativa. El mito, en tanto que alegoría, transforma el concepto de retorica narrativa en apariencia e imagen, es decir, en perpetua realidad que a sí misma se define y prolonga sin por ello renunciar, en esa obsesiva manifestación de su presencia, a la autoestimulación que la mantiene eternamente activa e inalcanzable.




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