'La jetée' (Chris Marker, 1962)
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Dominio del tiempo
Un hombre corriente, sin destino heroico, es la única esperanza de supervivencia de la civilización post-atómica. Su exclusividad se basa en cumplir una sola característica: conservar un recuerdo previo a la III Guerra Mundial. Sobre esta premisa construye Chris Marker "La jetée", un personal traspaso en versión cortometraje del eterno dilema del viaje en el tiempo. Se trata de una posibilidad que ha centrado una gran cantidad de obras de ciencia ficción, especialmente en la primera mitad del siglo XX. Algunos preconizaban a mitad de siglo los desastres que se avecinaban con la globalización mundial. Los avances tecnológicos hacían pensar en un futuro cada vez más cercano en el que viajar en la línea del tiempo y del espacio sería una realidad cotidiana. Muchas de las profecías tenían sus miras en la primera mitad del siglo XXI y la imagen que se tenía en la década de los 50 o 60 de nuestros días era mucho más fantasiosa que la que vivimos realmente. Aún así, el viaje en el tiempo ha dejado de ser un tema reservado a la ficción - un tipo de ficción, por otra parte, muy vinculada con la serie B- , para introducirse con fuerza en las investigaciones de científicos y físicos destacados de nuestra época, lo que ha dignificado en cierta medida su consideración.
Construida casi exclusivamente a través de planos fijos, con fotografías en un blanco y negro muy contrastado y con un grano de película de una estética muy particular, oscura, "La jetée" condensa la salvación de la humanidad nuclear en 26 minutos de planos fijos. El espacio claustrofóbico, las figuras que sobresalen luminosas desde fondos oscuros, muy contrastadas, la voz en off espaciada, el silencio... son elementos que contribuyen a crear una sensación de calma intranquila. París es una ciudad devastada. No sabemos qué nación ha resultado vencedora, aunque se escucha hablar alemán. Los supervivientes a esta catástrofe mundial deben vivir bajo las calles de la ciudad, inhabitable por la radioactividad.
Como búsqueda desesperada de la salvación, los científicos empiezan a experimentar con los supervivientes que consideran más aptos para explorar las posibilidades del viaje en el tiempo. Se necesitan medicinas, comida... medios para asegurar la supervivencia de la raza humana. Por ello se hace necesario enviar a alguien al pasado. La mayoría de los experimentos son decepcionantes. El resultado habitual es la locura o la muerte de las "cobayas", normalmente tras largos periodos de sufrimiento. Se llega a la conclusión de que el principal motivo del fracaso de estos experimentos es la incapacidad de los protagonistas de diferenciar pasado de futuro, de tener una imagen de referencia sobre la que anclar sus pensamientos. Por este motivo, el protagonista de "La jetée" es elegido como el héroe anónimo (no se menciona su nombre) destinado a salvar a la humanidad. Su obsesión desde que es un niño con el rostro de una mujer en la plataforma de un aeropuerto convence a los científicos de que ese es el tipo de "anclaje temporal" que necesitan, una persona que conserve un recuerdo al que aferrarse previo a la devastación mundial. Sus viajes al pasado recrean en su mente imágenes de los niños, los pájaros, los parques ("recuerda que había parques") y se reencuentra con la mujer de su recuerdo, que se habitúa a sus idas y venidas sin hacer demasiadas preguntas. Visita una especie de "mundo de las ideas" donde consigue recordar todo lo que una vez conoció. Finalmente los científicos optan por cambiar el sentido de los viajes, y el nuevo destino será el futuro. París es en esta ocasión una ciudad imposible, seccionada en miles de pequeñas calles que conforman una inmensa cuadrícula. Existe una civilización futura, así que finalmente la raza humana sobrevive, pero ello depende en gran medida de la colaboración de los humanos del futuro con el protagonista. Su propia existencia, ese futuro, están en juego. Esta es la gran contradicción de los viajes en el tiempo.
La paradoja de "La jetée" es particularmente interesante por tratarse de un pilar fundamental sobre el que se asientan los detractores de la posibilidad de los viajes temporales. Se conoce como la "paradoja del viaje en el tiempo" o la "paradoja del abuelo". Si una persona viaja en el tiempo y mata a su propio abuelo antes de que éste engendre al padre del viajero, este viajero nunca habría existido ni podría haber realizado ese viaje, con lo cual no podría haber matado a su propio abuelo, con lo cual este viajero sí que habría existido y sí que habría podido viajar en el tiempo y así sucesivamente. Por lo tanto en "La jetée", los humanos del futuro están "obligados" a ayudar a su visitante, su antepasado, porque de ello depende su propia existencia. Pero, ¿porqué no son estos descendientes los que viajan al pasado para ayudar a sus ancestros? Stephen Hawking enunciaba en su "conjetura de protección de la cronología" (1992) varios postulados que trataban de demostrar la imposibilidad del viaje temporal, entre ellos, que la prueba más fehaciente de que no podemos transitar la línea de tiempo es que no estemos recibiendo actualmente la visita de "turistas" del futuro, aduciendo que o bien no es posible realizarlo o la humanidad se extinguirá antes de conseguirlo.
En cualquier caso, hay que diferenciar entre el viaje al pasado y el viaje al futuro, ambos presentes en "La jetée" y con el mismo éxito. Sin embargo, la percepción real de estas dos posibilidades es muy diferente para cada uno de los casos. En la teoría de la relatividad Einstein considera un tipo de viaje temporal basado en las diferentes percepciones del fluir del tiempo, pero es unidireccional, siempre hacia el futuro. La posibilidad de viajar al pasado es totalmente improbable para el científico y requeriría de manera indiscutible la resolución de determinadas cuestiones relacionadas con la retrocausalidad y las paradojas comentadas.
El principio fundamental sobre el que se asienta la obra de Marker es la "conjetura de autoconsistencia" de Novikov, según la cual la probabilidad de que cualquier acto cause un cambio en el pasado o lo modifique es cero. Al viajar al pasado, el visitante cumple con todos los actos que están destinados a ocurrir desde la perspectiva futura. La serie de ficción "La dimensión desconocida" ("The twilight zone"), que se emitió en EEUU durante la década de los 60, centró un gran número de sus episodios en diversas situaciones alrededor de los viajes en el tiempo y en dimensiones espaciales. Por poner un ejemplo relacionado con la conjetura enunciada por Novikov, el capítulo "No time like the past", emitido en julio de 1963 en EEUU nos cuenta la historia de un hombre que utiliza una máquina del tiempo para viajar al pasado y conseguir así evitar las grandes catástrofes de la humanidad. Tras varios intentos fallidos, el protagonista asume que el pasado no se puede cambiar. Se traslada a Indiana, al año 1881, para vivir una vida tranquila y retirada, pero antes lee en un libro de historia que la escuela del pueblo será incendiada por una mala combustión de una lámpara de queroseno. Al viajar en el tiempo y tratar de evitar la catástrofe, será él el causante del propio incendio que trataba de evitar. Cumple con los hechos pasados desde la perspectiva futura.
El final de "La jetée" ejemplifica también la conjetura de autoconsistencia de Novikov, aunque con algunas variantes. El protagonista decide trasladarse definitivamente al pasado de cuando era niño, previo a la devastación mundial. Cree que ha sido su propia decisión desde el futuro, pero sólo está "satisfaciendo" lo que estaba destinado a ocurrir en aquel mismo momento, con él mismo como adulto y su propio ser convertido en niño contemplando la escena, los dos en la plataforma donde recuerda a la mujer. Tenemos por lo tanto una misma persona en un mismo escenario en dos épocas diferentes de su vida. ¿Cómo puede esto ser posible? La única explicación plausible sería la existencia de dos universos temporales paralelos, que anularían las paradojas relacionadas con el viaje en el tiempo. Aún así la mayoría de las teorías rechazan esta posibilidad o consideran estas diferentes líneas de tiempo inaccesibles.
Un ejemplo significativo en el que este tipo de viaje se convierte en un modificador de la propia trama principal como si ésta constituyera una línea de tiempo independiente (o varias, como en este caso), es la película estadounidense "Donnie Darko" (2001), de Richard Kelly. Su impacto en la taquilla fue mínimo, pero tras su edición en DVD un gran número de fans la reconvirtió en película de culto, llamando la atención sobre la complejidad de su argumento y los tintes metafísicos de una trama en la que la mayoría sólo vio las desventuras de un adolescente y su familia en un pequeño pueblo americano. Donnie Darko es un estudiante de la localidad de Middlesex, en Virginia, en el año 88. Una noche, mientras él no está en casa, un motor de avión se estrella contra su habitación. A partir de ahí se suceden una serie de acontecimientos que culminarán al cabo de 28 días cuando por diversas circunstancias Donnie forzará un viaje al pasado como sacrificio. La idea de los universos paralelos que se comentaba más arriba está también muy presente en esta obra y Donnie, al ser el receptor vivo de este suceso, es el encargado de cerrar el universo tangente una vez que se separa del universo primario la noche en que el motor cae sobre su casa. Como resultado, asistimos durante toda la película a una sucesión de acontecimientos que en realidad nunca tendrán lugar en la trama principal, en los hechos finalmente reales de la historia, constituyéndose como una subtrama que se separa de la premisa del argumento. El interés de Donnie por los viajes en el tiempo le lleva a consultar el libro de Stephen Hawking "A brief history of time. From the big bang to black holes". Es aquí donde el autor habla de la necesidad de encontrar un portal temporal, un "agujero de gusano" (el método más plausible para viajar en el tiempo según el científico) y un artefacto metálico para atravesarlo capaz de viajar a más velocidad que la luz, "¿algo así como un DeLorean?", pregunta el protagonista en alusión al coche de "Regreso al futuro".
De hecho, toda la fantasía alrededor de los "portales" temporales, máquinas del tiempo, etc... ha creado su propia imaginería en la ficción, y se convierten en piezas clave en los argumentos. El ansia por conocer mundos pasados y futuros se transmite desde la literatura con autores como Isaac Asimov hasta el cine, y en la actualidad inunda también las nuevas formas de comunicación virtual e interacción. Por tratarse de una semejanza que llama especialmente la atención, destacaría el traspaso de la premisa inicial de "La jetée" (la necesidad del viaje temporal tras la III Guerra Mundial en un mundo radioactivo) al conocido videojuego "Fallout", a punto de sacar su tercera entrega de mano de los estudios Black Isle y Bethesda Softworks. Se trata para muchos de la secuela no oficial de otro juego, "Wasteland", con un planteamiento muy similar. El argumento nos sitúa en un mundo apocalíptico, en el año 2161, tras la III Guerra Mundial, que supuestamente tiene lugar en el año 2077, dura menos de dos horas y destruye casi completamente el planeta. La primera misión del protagonista será recuperar un chip responsable del reciclaje del agua, indispensable para la supervivencia. Para ello será enviado al pasado con el fin de encontrar un sustituto del actual.
La televisión tampoco escapa al encanto de los viajes en el tiempo. No es necesario remontarse a "La dimensión desconocida" para encontrar series centradas o que traten el tema. La exitosa "Lost", producida por la cadena ABC, introduce en su argumento la existencia de un viajero temporal y una diferente percepción del tiempo dentro de la isla que centra la acción y fuera de ella. El último ejemplo es el reciente estreno en nuestro país de la serie de la Fox "Viajero en el tiempo" ("Journeyman"), que ya comenzó a emitirse en septiembre de 2007 en la NBC americana.
La ficción de todas las épocas y sus diversos soportes se han rendido ante el sueño de viajar en el tiempo, la versión quizás menos fantasiosa del deseo humano de inmortalidad.
Lorena Abuín (AVD'08)
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